 |
| Los éxitos
recientes obtenidos en concursos de excelencia
académica por niños que hacen "escuela en el
hogar" han dado ímpetu a esta opción educativa
cuyos promotores en Estados Unidos quieren ahora
predicarla en otros países.
En 1978
había en toda la nación unos 15.000 niños y niñas
que recibían toda su educación en casa, a cargo de
suspadres o tutores, y actualmentesuman más de 1,7
millones los que, con la ayuda de recursos educativos
más abundantes e internet, obtienen la enseñanza en
el hogar. |
|
Hace pocas semanas, en la ronda decisiva del Concurso Nacional de
Ortografía, los tres finalistas fueron niños que se educaron en
sus hogares, y el ganador, George Thamphy, de 12 años, había
quedado una semana antes en el segundo puesto del Concurso Nacional
de Geografía.
En una nación de 275 millones de habitantes, donde hay unos 78
millones de menores de 18 años (esto es, en edad de concurrir desde
los jardines de infancia a la escuela secundaria), la existencia de
1,7 millones de estudiantes domésticos parece insignificante.
Pero un siglo y medio después de su concepción, el sistema de
educación pública y obligatoria ha desilusionado a muchas familias,
que buscan opciones para sus hijos.
En cierto modo, esta opción de la enseñanza escolar en el hogar es
fruto de los beneficios que han tenido dos o tres generaciones de
creciente nivel educativo, obtenido precisamente en las escuelas
públicas y privadas con currículum obligatorios y exámenes
certificados.
"Los jóvenes que estudian en el hogar tienden a estar
representados de manera desproporcionada en los concursos nacionales
donde se pone a prueba la destreza académica", dijo Michael
Farris, presidente de la Asociación de Defensa Legal de la Escuela
en el Hogar (HSLDA), con sede en Purcellville (Virginia).
"La razón es simple: los padres que enseñan en el hogar
enfatizan el aprendizaje tradicional en lugar de los métodos
conformistas, adaptados para la mayoría de los alumnos que dejan a
los niños quizá sintiéndose más contentos, pero sin el
conocimiento que necesitan para sustentarse en la vida real",
agregó Farris, quien ha educado a sus diez hijos en el hogar.
Los críticos de la "escuela en el hogar" sostienen que
los niños y niñas educados de esa manera no tienen a su alrededor
a otros menores y que de esa manera se perjudica el desarrollo de
sus capacidades sociales.
Michael Shearer, autor de numerosos artículos sobre esta modalidad de
enseñanza, sostiene que "el aislar a los niños los perjudica,
y los perjudica para toda la vida".
"Los niños", según Shearer, "jamás superan lo que
se han perdido porque crecieron aislados, y por eso la 'escuela en
el hogar' es una tragedia nacional".
Para Shearer, la educación en el hogar "es una experiencia
horrible de crecer solo y luego, más tarde en la vida, tener que
enfrentarse a sus pares sin las destrezas sociales que cualquiera
hubiese adquirido si no hubiese estado encarcelado en la casa tantos
años".
Sin embargo, el crecimiento de esta modalidad de enseñanza ha hecho
que más universidades acepten a los jóvenes postulantes que han
tenido toda su educación en el hogar.
Chris Klicka, un abogado de la HSLDA, sostiene que "la
enseñanza en el hogar en Estados Unidos está mucho más avanzada
que en el resto del mundo".
"Tenemos las estadísticas que muestran que esa enseñanza da
buenos resultados y ya hemos librado las batallas legales que
muestran que muchos padres y madres quieren darla a sus hijos",
agregó. "Ahora queremos exportar nuestra libertad".
Según Kklicka, en la mayoría de los países europeos está tan
arraigado el concepto de la educación pública y el control estatal
sobre las calificaciones, que a veces las familias afrontan serios
problemas con las autoridades si no mandan a sus hijos a la escuela.
En Suiza los padres deben tener certificado de maestros si quieren
educar a sus hijos en el hogar, y en Francia las familias deben
tener un permiso de las autoridades escolares. Mientras, en Holanda,
la escuela en casa es totalmente ilegal.
Según Klicka, en Alemania hay unas 500 familias que pretenden la
enseñanza en el hogar, pero afrontan presiones del Gobierno,
mientras que en Sudáfrica, en 1993, André y Bokkie Mientjies
fueron sentenciados a dos años de prisión porque daban a sus hijos
la educación académica en el hogar.
|