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Estimulación
del juicio moral
Aprender
porque algo es correcto o incorrecto es un aspecto vital para
aprender a vivir con otros, y para cumplir con las metas que nos
proponemos en la vida. En la medida que nos desarrollamos
cognitiva y afectivamente, vamos aprendiendo razones cada vez más
completas y mejores de porque algo es correcto o incorrecto de
hacer.
En
un comienzo, cuando los niños son pequeños entienden que lo
bueno es lo que a ellos les gusta, el egocentrismo de esta edad
define lo correcto en base a lo satisfactorio, y lo incorrecto en
base a lo que impide la satisfacción de los propios deseos. A
medida que los niños crecen, aprenden a distinguir una autoridad,
y comienzan a considerar lo correcto o incorrecto según lo que el
adulto define como tal; el llevar a cabo lo correcto dependerá
principalmente de la probabilidad de ser castigado o recompensado
por esta autoridad. Sigue siendo una etapa egocéntrica, pero ahora lo que al niño
le satisface es ser reconocido y premiado por la autoridad.
Más
adelante, el niño comienza a considerar la realidad del otro al
momento de hacer juicios sobre lo bueno y lo malo. El niño se
empieza a dar cuenta que lo que él hace, afecta a los demás, y
que no es sólo su propia realidad la que cuenta. Es el momento de
superar este egocentrismo y considerar la perspectiva de otros.
Finalmente,
cuando se comienza a definir la propia identidad, el niño (ya
adolescente) es capaz de reconocer una serie de valores dentro de
si mismo (los mismos valores que aprendió de su familia y de sus
profesores), y entiende que lo correcto es ser consecuente con
dichos valores. Es el momento en que la persona se puede ver como
el resultado de su historia y de sus experiencias. La vida, los
adultos que la han rodeado han dejado huellas, y estas han pasado
a formar parte de su identidad personal.
En
el proceso de definir lo correcto e incorrecto, la guía que el
niño recibe de los adultos es sumamente importante. Es el adulto
significativo el que entrega los ladrillos que cimientan el juicio
moral. Las razones y los ejemplos que se entregan de porque una
acción debe o no debe realizarse son las bases de la escala
valórica que define lo que es importante para una persona.
Cuando
un adulto dice: "Porque si" o "Porque yo lo digo",
o "Cállate y obedece", tiende a reafirmar la idea de
que sólo los adultos son los que tienen la razón y el poder de
definir que es lo bueno -esto deja al niño imposibilitado de
avanzar en su capacidad de juzgar lo bueno y lo malo-.
En
los primeros años de escuela es importante que el profesor
mantenga siempre su rol de autoridad segura, que intervenga y
acompañe constantemente el proceso de estimulación del juicio
moral. Y que a la vez, lleve al niño a pensar en argumentos que
aún no forman parte de su pensamiento, como la reciprocidad o la
experiencia de los demás. De esta manera, el adulto ayuda al
niño a pasar su egocentrismo, y avanzar hacia la etapa siguiente
de su desarrollo moral.
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